PEDRO.- Os quiero decir, ahora que me voy, lo mucho que he llegado a quereros y cuánto trabajo me cuesta marcharme… La primera vez que vi esta tierra no me gustó… Tenía dieciocho años cuando llegué… Este paisaje rojo me pareció muy triste… Yo venía de una tierra de campos verdes y esta tierra roja me encogió el corazón… ¿Y en esta tierra roja iba a vivir yo? Por entonces había habido una huelga y habían matado a varios mineros… y me pareció que la tierra estaba roja de su sangre… No, yo no quería vivir aquí… Me acuerdo de que empezó a llover y al día siguiente, cuando me levanté, se había formado en los caminos como un barro sangriento… No me acostumbraría nunca a pisar esta tierra de crímenes… Eso pensaba… No podía figurarme hasta qué punto se me iba a meter en el corazón, esta tierra y los buenos hombres que en ella viven… Ahora ya sabéis que me voy… Dentro de unos días será como si nunca hubiera estado aquí… y cuando pase un poco de tiempo diréis: “Si, el viejo Pedro… era un buen hombre…” y os parecerá como si hiciera muchos años que me hubiera muerto… y en ningún sitio encontraréis nada que os recuerde al viejo Pedro. [...] Así vivimos y desaparecemos los pobres”
Alfonso Sastre, Tierra Roja

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